*English bellow.

Sputtering, o pulverización catódica, es el proceso físico que provoca el parpadeo de una luz fluorescente. Un efecto invisible para el ojo humano, debido a su frecuencia retiniana, pero explorable a través de una cámara fotográfica configurada con los parámetros adecuados para ello.

Mediante la secuencia de imágenes, busco mostrar la capacidad de una cámara frente a las limitaciones de la vista, y como la fotografía, es capaz de percibir ese parpadeo o flickering a diferencia del ojo humano, que es incapaz, debido a la persistencia retiniana.

A través de la fórmula de la frecuencia (f=1/T), y conociendo que los fluorescentes funcionan con una frecuencia alterna de 50Hz, mediante el trabajo con la velocidad de obturación se puede observar el parpadeo que estas luminarias desprenden y ver cómo se incrementa ese flickering según avanza la serie, envolviendo al espectador en una atmósfera situada en el límite de la representación, en la que pueda experimentar su propia capacidad cognitiva frente a los resultados obtenidos a través de la cámara fotográfica desarrollados formalmente en una secuencia de imágenes.

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Sputtering, also known as cathodic pulverization, is the physical process that causes the flickering of fluorescent lights. An invisible effect for the human eye due to retinal frequency, but which can be explored through a camera configured with the appropriate parameters. 
 
By means of the image sequence, I try to show the capacity of a camera against the sight limitation, as the photography is able to perceive that blink or flickering that the human eye is unable to perceive due to retinal persistence. 
 
Given the formula of the frequency (f=1/T) and knowing that the fluorescent light operates with an alternating frequency of 50 Hz, by working with the shutter speed it is possible to observe the flickering that these type of lights release. This effect can be observed as the as the flickering increases over the series, immersing the viewer in an atmosphere located on the boundary of representation, in which they can experience their own cognitive ability compared to the results obtained through the camera formally developed in a sequence of images.

 

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  Después de numerosos intentos por parte de prestigiosos científicos como Gauss o Bessel, un astrónomo aficionado, Wilhelm von Biela, determinó en 1826 la órbita de un escurridizo cometa tras 12 semanas siguiéndolo a través de su telescopio. Inmediatamente el astro tomó su nombre: Biela. No piensen ustedes que éste fue un cometa cualquiera, su acercamiento a la Tierra décadas más tarde desató el pánico en algunos países, especialmente en Chile, donde muchos creyeron que su impacto traería consigo nada menos que el fin del mundo. Por suerte, hoy podemos contar que aquel cuerpo celeste se desintegró, provocando una de las lluvias de estrellas más hermosas jamás recordadas, una grandiosa exhibición de luces fosforescentes de seis horas de duración.

Dos más, ocho, fue el tiempo que estuvo expuesta a la luz la placa de peltre en la que se originó la primera imagen fotográfica que se conserva. Fue en 1826 Joseph Nicéphore Niépce, un inventor aficionado, quien propició que la cámara oscura, un aparato que paradójicamente había inspirado siglos atrás el desarrollo del telescopio, tomara de la astronomía ese espíritu que sembró el germen de un nuevo arte: el de explorar el mundo en el que vivimos a través de la mirada. Y de esa forma, sin saber cuál iba a ser su rumbo ni su misión, nació y creció una disciplina que gracias a un asombroso desarrollo a lo largo del siglo XX ha obsequiado al ser humano con un legado de conocimiento que a día de hoy es indiscutible.

Sin embargo, en la actualidad nos cuestionamos más que nunca si ese tiempo ya pasó. Si el peso de la vasta enciclopedia visual que poseemos es demasiado elevado. Si desde la irrupción de la fotografía en su vertiente digital ésta se está matando a sí misma repetición tras repetición. Las teorías acerca del universo observable nos dicen que su tamaño está basado en la luz que ha sido capaz de alcanzarnos y que se trata de una magnitud relativa, pues proviene del pasado. Que el verdadero tamaño del universo va más allá de lo que ahora podemos detectar. ¿Alguna vez se han preguntado si podemos fotografiar lo que nuestros ojos no son capaces de ver?

Jorge Alamar

Fotógrafo y director de LaFotoescuela